26 de noviembre de 2012

Dios

Dios no es aquel que te dice, ven a mí, esta es tu vida hijo mío, vive rezando, orando y te guardare un espacio de cien metros cuadrados en el paraíso. Dios no es aquel que te da reglas para que podes tus errores, tales las malas hierbas y vivas pensando en la fe verdadera. Dios no es el que te dice lee un libro completo para que sepas de dónde venimos y hacia dónde vamos—no necesitamos brújulas para vivir—Dios no necesita rituales de aromas inciensos o ceras derretidas sobre veleros quemados, ni tampoco suplicas ni rencores, Dios no es lo que imaginas, lo que veneras o lo que supuestamente oyes cuando cantabas El manso corderito, tampoco es quien te da vino o te da castigo, no lo es… Pero…entonces ¿Quién es Dios?

Dios es algo real, no existe físicamente pero puedes sentirlo cada día querer y sin querer, rezando o sin rezar—es lo de menos, es más ni le importa tu vida, mucho menos si rezas o no rezas—Dios es algo que te acompaña a diario, desde que naciste y desde tu primer segundo en el mundo, él es quien te acompaña o en otras palabras es quien te ha estado jodiendo, te jode ahora y te seguirá jodiendo hasta el día de tu muerte, pero lo bueno es que a ti tampoco te importa y es más ni le das bola. Dios es solo un libro, tú libro y el libro de tu vida, es decir toda tu vida esta detallada en un libro de literatura precisa y encajada, cada día la estás leyendo—viviendo—cada instante, desde el suspiro hasta el compás de tu respiración, todo está escrito. Cada día es una página y cada noche esperas otra página—otro día— queriendo o sin querer, te guste o no te guste leer, tú mismo vas descubriendo las sorpresas que trae a diario. Y Te cuento… ya has estado intentando olvidarte del cojudo libro, votarlo o quemarlo y cuando estuviste a punto de cambiarlo; te arrepentiste, es por eso que Dios te mando una señal mediante un estornudo, un toser, un cambio de pensamiento, un olvido de llaves o una confusión al respirar, para que vuelvas a tu lectura, tu propia lectura.

Pero quien carajos es ese Dios, no le importa tus vulgaridades ni tu manera de vivir porque “No existe la manera correcta de vivir” él dice eso. Sin querer empiezas a tenerle fe, a pensar diario en él y a ser más observador sobre todas las cosas para buscarlo y descubrirlo al instante, pero jamás lo viste ni lo verás, no tiene libros sagrados ni necesita ofrendas, él es el Dios de los Dioses—si no lo es para ti, al carajo—Pero mira como es el todo poderoso, jamás podrás destronarlo ni hacer cambios que alteren tu orden, el orden de tus páginas en tu libro titulado con tu nombre, con pasta suave en portada y tapa final de madera, aquella que utilizan los carpinteros para hacer ataúdes, aquel libro que detalla el orden cósmico de las cosas, la evolución constante de tus actitudes, tus acciones y tu comportamiento. Él mismo es el bibliotecario de todas las vidas—de todos los libros—de todo el mundo, en cada muerte registra los libros como uno más para su colección, no las relee porque volverían a vivir y cuando tú—Si, tú pendejo(a) —cuando mueras tu libro estará registrado en su biblioteca con todos tus derechos perdidos y no volverás a la vida. 

Cuando estés apunto de hacer algo y sientes que algo a tu alrededor te da una señal de no hacerlo o hacerlo, préstale mucha atención y sigue a tu intuición, si te equivocaste en el examen esa fue una señal porque es lo que eres “El orden cósmico de tus errores y aciertos”, “Todo sucede por algo y por algo suceden las cosas” eso es Dios, Dios sin fronteras y único e irremplazable, no tiene hijos ni esposa, tu eres su amante y todas las noches te da cariño—Cuando sueñas—no le temas, con una suave voz sigue leyendo y con unas cosquillas sobre tus oídos escucharas un aliento frágil y dócil que te dice “Yo soy tú Dios, el único e irremplazable, quien te acompaña día a día; Mi nombre es DESTINO y estoy monitoreando tu vida de sorpresas, en las malas y buenas, Yo soy quien te ha creado en esta obra, tú mi personaje protagonista y yo tu destino… tu DESTINO”. Amen.        

18 de noviembre de 2012

Reproches

Que me dices del tiempo, como se acaba en los sueños

Como se funde con el suspiro y como se cortan sus almas
Que aliento,  calores, su fragancia simple y delicada en los henos
Que tiesos su aromas y sus ilusiones que se fragmentan y emanan 
Qué triste esta tarde y que oscuro es su viento al borde de las olas

Olas que se acometen contra la corriente terca y veleidosa
Aquel tieso poema aullante que tiembla en un viento desconocido
Que no es la tuya; quizás de otros suspiros callantes alegados
Quizás de esas jarchas tronantes a las cuatro de mañana

Aquellas de esas que dan sus  brillantes miradas a mí tiempo desesperado
Como que la siesta dormida silencia sus agotes despiertos sintientes
Acaso, ¿las palabras duermen? Dime si callan cantando y cantan gritando
La sed despierta desolada alcantarillado sobre tus ojos tronantes
Trínatenos lloran tu indolencia descaminada  ¿para qué?
Para que deplores tu candidez dura y vengativa inmersa truhan y soñolienta

¿Cuántas veces oscilaste el calor de rencor radicado? dime cuanto
Y sabrás del cantico enraizado y plantado antes del espejismo  diseñado
Para que el alumbro quebrado gorjeado, dime para que el juego diseñado
Acaso ¿Me has amado? Confiésame con la mente desnudada y llórame tarada
Tarada del pasto enraizado, cubierta de dócil boceto acariciado y acumulado
Perdona si te he dañado, pero como es que el tiempo carece de amor y…

Como carece el amor de la presencia entresacada sobre tus hombros dramatizadas
Sueña si tuerzo tus miradas y cantan tus complós  amargados de rencor
Pero a pesar del tiempo y de rencor; no  olvides  muchacha candilada.

Que Noviembre tan raro, saludos 

 
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